El maquinista

El cielo es celeste e imponente y el sol: radiante. Un marco más que formidable para acompañar una jornada de fútbol en la esquina de 131 y 52, como cada sábado cuando Talleres es local. Los padres apresuran el paso para buscar la mejor ubicación y contemplar toda instancia de juego. Los celulares están con las baterías completas y listos para captar los mejores momentos.

El buffet comienza a sacar las primeras hamburguesas y choripanes. Del otro lado del alambrado y en una mesa, justo en la mitad de la cancha, estamos nosotros comentando las jugadas, relatando los partidos y musicalizando los entretiempos. Todo parece encajar en medio de la normalidad de una fecha más.

Sin embargo, una persona ingresa al club. No es una más. Luce radiante, sonriente, a paso seguro. Se acerca a saludar a todos los que conoce: les da un abrazo, un beso, les acaricia la cabeza a uno, dos niños y sigue sonriendo. “Hola chicos”, nos dice. Anunciamos por micrófono que está con nosotros Alfonso, el flamante presidente de la institución. Él levanta los brazos sin perder su sonrisa y saluda a los padres presentes.

“Todos somos artífices de la sociedad. Nosotros hacemos nuestro aporte, cumplimos nuestro rol”, nos cuenta. Estamos sentados en la mesa donde cada jueves se reúne con la comisión para debatir y tomar decisiones para el bienestar del club. Es justo en ese salón donde se deciden las actividades sociales, se solucionan los problemas, se organizan los eventos, los viajes recreativos y se reflexiona sobre para analizar errores y aciertos.

DESTACADO “El paso del chico en el club es temporario. Es por ello que debemos lograr que tenga un lugar de pertenencia y que se identifique para que pueda ser feliz”.

Mueve las manos y gesticula afirmando la seguridad de sus dichos. Algunas personas entran, lo saludan y le hacen algún comentario o consulta. Con respecto al rol del cuerpo técnico nos responde que los entrenadores deben ser un ejemplo para los chicos. “Son un modelo a seguir. Más allá de la sapiencia deportiva, deben ser buenas personas con buenos valores para los chicos” señala Vergel. Esos valores para Alfonso son los de la amistad, el respeto y la perseverancia

La jornada concluye, el sol ha bajado ligeramente su intensidad. Los padres se han retirado con sus hijos. Los gritos de gol, los festejos y los abrazos serán parte de las charlas del día. El buffet cierra. Nosotros desarmamos el sonido y nos alistamos para irnos. Alfonso nos acompaña hasta el estacionamiento. “En la vida hay que tener actitud, hay que intentarlo y no detenerse”, nos dice de manera fraternal. Nos despedimos. Camino a casa recordamos lo episodios de lo ocurrido esta fecha.

Las palabras de Alfonso quedan en mi cabeza y, mientras las recuerdo, no puedo evitar coincidir con él. Reflexiono y pienso que Talleres es un gran club, con buen fútbol, buenas familias, una brillante comisión y un excelente líder. Todos ellos son como esa locomotora que no se detiene.

Por Alfredo Córdova